Sochi, el destino más en auge del este de Europa

Sochi es el nombre de una ciudad desconocida para el gran público hasta el año 2007, fecha en la que el Comité Olímpico Internacional la convirtió en la sede de los Juegos Olímpicos de invierno.

Los Juegos pusieron al descubierto la que es considerada la ciudad más extensa de Europa, pues su área administrativa se extiende a lo largo de más de 140 kilómetros de costa del Mar Negro, en la península de Crimea. Sochi es una ciudad de vacaciones, que vivía del turismo interno. En su costa, un clima subtropical invita a tumbarse en la playa; a sus espaldas, a muy pocos kilómetros, el terreno se eleva formando las montañas del Cáucaso, ideales para los deportes de invierno.

La inversión que se realizó para los Juegos fue inusual. Con su oferta inicial, presupuestada en 12.000 millones de dólares, Sochi hacía palidecer las candidaturas de Corea del Sur o Austria, las otras dos favoritas entre los miembros del COI. Al final de las obras, las facturas acumuladas equivalían a cuatro veces esa cantidad, más de 50.000 millones. Un dispendio superior incluso al que planeó China para demostrar su capacidad económica y organizativa en los Juegos de Pekín en 2008.

El área de Sochi sostuvo, durante el periodo de siete años entre su anuncio como sede olímpica y la celebración de los Juegos, la condición de aréa de mayor densidad de construcción del planeta, centrada sobre todo en el valle de Imeretin y el asentamiento de Krásnaya Poliana.

La herencia de los Juegos fue la renovación del aeropuerto, 40.000 plazas hoteleras extra, cuatro estaciones invernales remozadas desde los cimientos, nuevo tendido eléctrico, y carreteras y vías férreas suficientes para absorber un tráfico entre la costa y la montaña equivalente a 20.000 usuarios por hora, por no hablar de la proliferación de locales de ocio y restauración en la zona.

La inversión aumentó de manera notable el atractivo del entorno y su estatus como destino de ocio. La clase alta rusa ha adoptado Sochi como retiro vacacional preferido. Las actividades de esparcimiento que demandan el público autóctono, y ahora el internacional, son amplias y variadas, y una de ellas es el juego.

En Rusia, a partir de 2002, el juego pasó a ser ilegal en todo el territorio, con excepción de unas remotas áreas administrativas en las que se pretendía concentrar la industria local, para alejarla de los principales centros de población y aprovechar en lo posible la cercanía a países con una enorme cultura del juego, como China. Hasta 2014, año de los Juegos, existían solo cuatro de estos santuarios. Ese año, el presidente Putin añadió Sochi a la lista.

El casino de Sochi abrió sus puertas en Krásnaya Poliana en 2017, como parte del resort invernal de Gorky Gorod. Se trata de un rediseño global de uno de los centros destinado a la prensa durante los Juegos, llevado a cabo por Steelman Partners, una firma estadounidense responsable de otros proyectos como el Macau Sands o el Solaire Resort de Tambo, en Filipinas.

El casino de Sochi se pensó como el primero en llevar a Rusia el espíritu de los locales de las Vegas o Macau, pero con un estilo arquitectónico y decorativo influenciados por la cultura rusa.

La oferta de juego incluye 70 mesas, 22 de Ruleta americana, 38 para otros juegos como Blackjack, Baccarat, Russian Poker y Casino Texas Hold’em; y una poker room con 10 mesas adicionales. Tienen también 569 tragaperras. El espacio es ampliamente configurable. El Casino de Sochi se incorporó de inmediato al circuito internacional de torneos de poker, y ha alojado festivales multitudinarios en un área de juego que presume de poder dar servicio diario a 2.000 clientes a la vez.

Como soporte hotelero, el casino cuenta en la parcela inmediatamente aledaña con el añadido de un hotel de cinco estrellas de la cadena Marriott. Aloja tres restaurantes, varios bares y comparte una zona de compras con el hotel, por no hablar de que el centro comercial de la estación está a una distancia que fácilmente se recorre a pie.

Según su director de operaciones, Paul Edwards, en sus primeros 35 meses en funcionamiento, el casino recibió 1.600.000 visitantes, procedentes de 143 países distintos. La gerencia promueve un programa de vuelos directos y paquetes de vacaciones que atrae tráfico regular de clientes desde China, India e Israel.

Por último, el enclave de Sochi se beneficia de una continua actividad de promoción llevada a cabo por el gobierno ruso, que incluyen un Gran Premio de Fórmula 1, conciertos, congresos y eventos esporádicos, como fue por ejemplo el Mundial de Fútbol de 2018. Pocos lugares en el mundo concentran semejante variedad de actividades lúdicas, turismo de playa o montaña, de grandes actos y de deporte.

Eso sí, el ambiente del casino intenta ser lo más elegante y elitista posible, y observa un código de vestuario. Después de la playa o de una bajada en las pistas de esquí, toca ponerse de bonito.

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