Una partida de cartas, el cuadro que fue el más caro del mundo

A finales de los años 80, Van Gogh se convirtió en el pintor más famoso del mundo al batir en dos ocasiones el récord de venta de una pintura, en el año 1987.

Sus “Girasoles” fueron noticia destacada en los telediarios, después de una animada subasta en Christie’s. El elevadísimo precio que alcanzo animó a otros dueños de sus obras a probar suerte, y los “Lirios” del pintor holandés rompieron por primera vez la barrera de los 50.000.000$ en subasta pública pocos meses despues.

La popularidad de este tipo de noticias ha decaído mucho con el tiempo. Desde aquella subasta de 1987, otras 29 pinturas han superado el precio de los “Lirios”, pero ninguna volvió a alcanzar el rango de noticia de primera plana hasta que, en 2011, una obra de Cezanne destrozó todas las comparativas en el mercado del arte.

El cuadro se llamaba “Los jugadores de cartas”, un nombre mundano y bastante explicativo para la obra del arte más valiosa que probablemente nunca vaya a existir con una temática directamente relacionada con el juego.

Paul Cezanne, hoy reconocido como el pintor que tendió el puente definitivo entre el impresionismo y la pintura moderna, ocultó durante décadas su obra, huyendo de los ojos de la crítica y el público.

Su reputación fue creciendo paulatinamente entre los círculos artísticos de la época, sobre todo entre los contactos que adquirió en la academia de arte en la que se formó. No empezó a exponer hasta tener cerca de 40 años y siempre en muestras colectivas.

Pudo entregarse de lleno a la pintura gracias a una renta paterna, que a sus 47 años se convirtió en una gigantesca herencia. La independencia económica no hizo más que facilitar su exclusión social. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1895, cuando había cumplido los 56 años.

Entre 1890 y 1895, Cezanne revisitó hasta en cinco ocasiones un tema en particular, una partida de cartas. La composición inicial representaba a tres jugadores, que eran observados por dos espectadores. En una versión posterior, Cezanne eliminó a uno de los espectadores.

Las tres últimas obras con esta temáticas reducen al mínimo los accesorios al tema central. Son tres réplicas de una partida entre dos jugadores, con una botella de vino sobre la mesa como único complemento.

La primera de estas pinturas más sintetizadas, un óleo de 97X130 cm., es la obra que nos ocupa. Era la única que quedaba en manos privadas. Pertenecía a la colección del magnate griego George Embiricos.

Los dos primeros cuadros están en la Barnes Foundation de Philadelphia y en el Museo Metropolitano de de Nueva York, respectivamente. De los tres últimos, que son casi réplicas, dos se pueden visitar en el Museo de Orsay de París y en el Instituto de Arte de Londres.

Esta potentísima presencia en varios templos del arte mundial habia colocado a la serie de Cezanne a la altura de las obras maestras de la pintura, estudiada en multitud de academias y universidades. Embiricos recibía numerosas peticiones para prestar su obra a exposiciones temporales, y también para discutir un posible venta. Pocas veces la prestó, y no tenía intención de venderla, pese a que muchos catálogos la consideraban entre las obras de arte más importantes en manos privadas.

En 2010, La familia real de Qatar se embarcó en una ingente inversión para dotar las colecciones con las que se iban a inaugurar el Museo Árabe de Arte Moderno y el Museo Nacional De Qatar. Ambos se inauguraron el mismo año, con el firme propósito de situar al emirato en el circuito mundial de grandes museos. El presupuesto para ello era, en la práctica, un cheque en blanco.

Al equipo de adquisiciones que trabajaba para la casa real de Qatar le llegaron noticias sobre una oportunidad de adquirir la que podría ser la obra estrella de sus colecciones. Embiricos, a pocos meses de su muerte, decidió escuchar ofertas sobre sus “Jugadores de Cartas”.

El interés desmedido de dos tratantes de arte distintos colocó la oferta mínima en 220.000.000$, una cifra que superaba en 80.000.000$ el precio del cuadro más caro hasta la fecha, el “No. 5” de Jackson Pollock. Los qataríes entraron en la puja poniendo sobre la mesa 250.000.000$, dejando claro que no tenian miedo a ninguna contraoferta. No la hubo.

El cuadro de Cezanne permaneció en lo más alto de la lista de obras de arte mejor pagadas durante más de cuatro años, y hasta hoy solo otros dos cuadros le han superado: “Interchange” de William de Kooning (300M$) y “Salvator Mundi”, de Leonardo da Vinci (450M$).

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