Neon Museum: El rincón donde van a morir las luces de Las Vegas

Todo el mundo tiene una imagen mental de Las Vegas.

Infinidad de películas y series de televisión nos han invitado a imaginarnos en la ciudad del juego. El motivo más utilizado para representar su bullicio son las luces, especialmente la de los carteles de neón que intentan atraer a los clientes que pasean.

Todos los propietarios de locales de hostelería de Las Vegas conocen el valor de poseer un cartel atractivo. Por otra parte, es casi un elemento arquitectónico en la ciudad de Nevada, prácticamente obligatorio para encajar en el paisaje.

Los creativos, en combinación con los artesanos de la luz, han creados anuncios que los amantes de esta recargada y peculiar estética consideran obras de arte. En 1996, un grupo de empresarios de la ciudad entendieron que estas obras de arte merecían pertenecer a un museo.

El punto de arranque de la iniciativa fueron los terrenos anexos a la Young Electric Sign Company, una compañía familiar creada en 1920.

La expansión de la hostelería en la epóca de expansión en Las Vegas, les llevó a especializarse en el peculiar negocio de los carteles iluminados.

Algunos de los materiales empleados para construir los letreros de este tipo tienen posibilidades de ser reciclados. Su chapa, los forjados o las bombillas animaban a desmantelarlos cuando el dueño decidía deshacerse de ellos.

Esta compañía en particular se decidió por un modelo de negocio basado en el alquiler. Rentaban los carteles, y cuando ya no era necesaria su función o se solicitaba un reemplazo, el armatoste volvía a la empresa.

Algunos de sus trabajos tenían demasiado valor sentimental o estético para ser desmontados, y la empresa comenzó a amontonarlos en un almacén al aire libre, denominado el cementerio de huesos. (“Boneyard”).

Los efectos del clima y la corrosión estaban carcomiendo ese legado tan unido al espíritu de la ciudad. El proyecto de 1996 ofreció una nueva casa a estos antiguos habitantes del Strip y sus alrededores, el Neon Museum at the Freemont Street Experience.

Para su apertura, se restauró el Hacienda Horse and Rider, el famoso letrero del jinete del restaurante la Hacienda, que tenía previsto su cierre para diciembre de aquel mismo año.

Los turistas que pasean sus salas y el cementerio anexo -no demasiado distinto al de su ubicación original- pueden contemplar muy de cerca algunos de los letreros más icónicos de la ciudad.

La primera de las joyas del Neon Museum es la enorme valla del Stardust, fabricada en 1958 y que fue durante años el cartel más grande de la ciudad. Con 66 metros de largo y 8 de altura.

En el museo están representados numerosos locales históricos de la ciudad a travé

s de su antigua luminaria, como el Sahara, el Golden Nugget, el Caesar’s Palace, el Binion’s o el Tropicana, pero también buscan de manera activa añadir nuevas piezas a la colección.

Las novedades más llamativas que han adquirido en los últimos años han sido una de las calaveras que adornaban el Treasure I

sland, cuando el resort estaba plenamente comprometido con la temática y la estética pirata, o la mítica guitarra de 27 metros del Hard Rock Hotel, que se puso a tiro cuando Richard Brunson adquirió la propiedad y emprendió el rebranding del negocio.

El Neon Museum evoca la nostalgia del boom hostelero de Las Vegas. Si no te dedicas al diseño o no sientes un fetichismo especial por este tipo de recuerdos quizá sea una visita decepcionante -y cara-. Pero en lo que no hay discusión es que pocos escenarios hay más fotografiados que esos viejos carteles que iluminaron tantas noches en el desierto.

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